La conocí en tierras manchegas, vestida de raza canina, compañera de mi compañera de piso... Supe de ella, de Tersícore, como aquella que hubiera querido conocer en persona, amante de la danza. ¿Y si mis pasos hubieran elegido otro camino? No me arrepiento del que escogí, ni un momento he dudado de ello, por todo lo que me ha aportado. Pero si mis pasos me hubieran llevado a ser más decidida y a no darme tanto vértigo el alejarme de los míos, creo que lo muchísimo que he conseguido , desde luego, no existiría y mi realidad, quizás, tampoco.
La danza fue y es una de mis grandes pasiones, aunque nunca he tenido la técnica suficiente para creer que podría llegar a vivir de eso y por ello, renuncié a uno de mis sueños, bailar en un gran ballet, no tanto de clásico como de contemporáneo. Sabía del esfuerzo, la entrega y la plena dedicación, pero lo que se siente dejándote llevar por la música y dibujando con el cuerpo escenas no capaces de expresar con palabras, me hace amar, hasta hoy, el baile. Veo bailar y desfruto y siento como mis pies se me escapan de cualquier control y me tiemblan, al son de la melodía, como queriendo acompañar a los del ballet. Respiro como agotada, sufro cada sobreesfuerzo que hacen y al fin, agotada de tanto disfrutar toda la entrega, anhelo nos er yo la que sude y respire con total tranquilidad.
Amo la danza, dicen mis padres que desde bien pequeña, y tengo necesidad de "musicar" y de "bailar" mis gestos. Con el baile consigo mirar a la vida siempre con una gran sonrisa.