ESPELUZNANTE CASUALIDAD

Daniel, mi compañero de Departamento, y yo charlábamos, aprovechandonuestro ratito de descanso, sobre la poesía que, durante nuestros añosde estudio en la Facultad, nos había hecho amar mucho más intensamentela carrera que, por vocación, habíamos decidido elegir. Amboscompartimos, durante unos intensos minutos, nuestro recuerdo sobre poetasy poemas que nos conmovieron. Ángel González surgió, como presagio delo que acontecería poco después; recordamos algunos de sus poemas,entre ellos "Me basta así" que nos marcó cuando lo leímo ,...¡Increíble poesía viva, escalofriante palabra sentida, Ángel en cadapoema! Siempre te recordaremos y ayudaremos a que te salves del olvido,como te mereces, poeta. Buen viaje.

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TRIBUNA: BERNARDO MARÍN


El último Ángel González

BERNARDO MARÍN - Madrid - 12/01/2008

"Somosunasucesiónde hombres, que aparecen y desaparecen a lo largo de lavida",dijo ÁngelGonzález en una de sus últimas apariciones públicas.Siendoasí, yo noconocí al autor de la mayoría de sus libros depoesía. Perosí a suheredero, al último Ángel. Un señor con aspecto decaballero delXIX ymentalidad del XXI que no se daba ningunaimportancia, pese aserprobablemente el mejor poeta vivo en español.

Ángelhablabamuybajito, con acento asturiano. En cierta forma hablaba comoescribía,sinla menor pedantería ni solemnidad. Con frases sencillas,peromuyingeniosas, como si las llevara pensando muchos años.Parecíasiemprefeliz, la vida le había dejado heridas pero noresentimiento.Le gustabaver el fútbol, y seguía a los equipos de sutierra, elOviedo y elSporting, aunque en los últimos años no le dieranmuchasalegrías.Ejercía de asturiano y a la vez detestaba todonacionalismo.Quizá poreso no le gustaba mucho ver los partidos de laselección."Tanta banderajunta me asusta", dijo un día.
Pese a sumala saludno renunció altabaco. Ni a un buen whisky en el Kontiki, subar de laesquina, en laplaza de San Juan de la Cruz, una extensiónsocial de supropia casa.Allí almorzaba muchos días, allí una camarerabrasileña leregañaba comoa un niño malo para que terminara el plato."Está muyflaco, Don Ángel".Y él, obediente, comía.
No tuvo hijos. Yapartede su mujer, Susi,apenas tenía parientes. Sin embargo estabasiempreacompañado por unaentusiasta familia postiza, la de susamigos:Benjamín Prado, AlmudenaGrandes, Luis García Montero,CaballeroBonald, Joaquín Sabina , JavierRioyo y Juan Cruz, entre otros.
Yomismotuve la suerte de ejercer atiempo parcial de nieto adoptivo deÁngel. Enel verano más tórrido quese recuerda en Madrid le acompañé aun centrocomercial a comprar uncacharro de aire acondicionadoportátil. Ladependienta eraparticularmente torpe, se equivocaba todoel rato. De untrámite quepodía haber resuelto en un minuto hizo unproblema que tardóen resolverun cuarto de hora. Exasperado, miraba aÁngel buscandocomplicidad parami cabreo. Pero él agradeció el pésimoservicio conmuchísima amabilidady una gran sonrisa. Ese día confirmémis sospechas:este tipo, además deun gran poeta es muy buena persona.
Hacedosmeses tuve que trasvasartoda la información que guardaba en suviejoordenador Mac a otro nuevoque había comprado; una labor que ¡ay!quedóinacabada. Recuerdo suexpresión divertida y asombrada cuando vioelminúsculo pendrive en el que había guardado todos los documentos de la computadora antigua. "¡Aquí cabe mi trabajo de 20 años!", dijo.
Laúltimavezque lo visité, poco antes de Navidades, fue para conectarsuordenador aInternet. Me pidió que le incluyera en su carpetadefavoritos la página webde este periódico, la de algunosmediosasturianos, la de la RealAcademia y el blog de un amigo, entreotras.Luego, quiso que le ayudaraa buscar noticias sobre elnombramiento,unos días antes, de él y de JuanJosé Millás como doctoreshonoriscausa en la Universidad de Oviedo.Estaba ya muy mal de saludperoparecía haber disfrutado enormemente deese homenaje. Y consultabalainformación sobre el acto con el mismoplacer con el que un niñorepasalas fotos de su veraneo.
Seguíaleyendo -y releyendo a Proust-yescribiendo: El País Semanal publicóhace apenas dos meses unpoemasuyo inédito. Su obra tiene un fondotriste pero él siempreencontró unasidero de esperanza para mantener lasonrisa. Me alegro deque el buenhumor y el interés por muchas cosas lehayan acompañadohasta el últimodía.